Logo del Centenario 

 Carta de la M. General de la Congregación 

 Eucaristía de apertura 

 Homilia del Rvdo. P. Antonio Sáez de Albéniz, Postulador de la causa de beatificación de m. Dolores 

 


Logo del Centenario

El “logo” del Centenario

Hemos elegido como “logo”, “escudo” para este centenario de la muerte de Madre Dolores un símbolo que nos parece que resume su vida entera:

Un fondo azul, en el que destacan tres azucenas blancas y, sobre ellas en rojo, el lema: “Deseo ser toda de Dios”.

¿Por qué estos símbolos? El fondo azul: el cielo, al que M. Dolores aspiraba llegar. Las azucenas blancas: su amor a la pureza, que, lejos de ser un obstáculo para relacionarse con las jóvenes prostituidas, se convirtió en fuerza y empuje en su tarea de redención. El color rojo de las letras: la caridad, que es lo primero de todo, lo mayor de todo y lo que M. Dolores vivió hasta el fin de sus días. La frase: “Deseo ser toda de Dios”, el objetivo de su vida, su meta y logro final.

¡Ojalá también nosotros sepamos hacer vida hoy este logo!, ¡ojalá lleguemos a ser todos y todas de Dios!

Arriba


Carta de la M. General de la Congregación

CARTA DE MADRE ANA MARÍA BURGOS, Superiora General de la Congregación, CON MOTIVO DE LA APERTURA DEL CENTENARIO DE MADRE DOLORES

Queridos hermanos y hermanas en nuestro Señor Jesucristo:

Me dirijo a todos y a cada uno en pleno Adviento, tiempo de espera y esperanza, tiempo de fiarnos de Dios y no de nuestras propias fuerzas: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Sal 127). Un Adviento que nos capacite para el encuentro con el Señor, un adviento donde cultivemos la esperanza.

Y la esperanza, se alimenta de la oración, de la confianza, de la paciencia, de la fortaleza, de la vigilancia y de la alegría, y exige nuestro esfuerzo.

En este ambiente de esperanza y de confianza os comunico que con la Eucaristía de acción de gracias por la vida y obra de Madre Dolores daremos comienzo al I Centenario de la muerte de nuestra Fundadora, gran mujer del siglo XIX.

Con este motivo la Congregación ha diseñado diversas acciones que nos motiven a profundizar en la vida y en las raíces del espíritu y carisma de Madre Dolores, para que actualizando su trayectoria humana y espiritual revitalicemos nuestra vida y espíritu.

Conversión, espiritualidad y carisma son los sustantivos que inspiran y están en la base de este I Centenario.

Una vez más, como hizo Juan en el desierto, se nos invita: “convertios y creed la Buena Noticia”. Dios nos vuelve a llamar; y debemos entrar, a imitación de Madre Dolores, en la “renovación de nuestro llamamiento”.

Una conversión que nos haga apasionarnos por Cristo y su obra, que nos haga contemplar la cruz como fuente de vida.

Esperanza es este primer centenario que Dios nos ofrece. Escuchemos su voz. No tenemos tiempo que perder, ¡Ya es hora!.

El Centenario es un tiempo de gracia, porque el Espíritu nos invita a ahondar en las raíces de nuestra espiritualidad filipense, espiritualidad que arranca del ejemplo que nos dejó María al pie de la Cruz y del espíritu de alegría, sencillez... de San Felipe Neri. Una espiritualidad que no pertenece al pasado, sino que se vigoriza y llena de vitalidad cada vez que nos comprometemos a practicarla en el día a día, como hizo Madre Dolores. Espiritualidad que es camino posible y seguro para ponerse a la escucha de Dios y entregarse sin reservas a lo que Él quiere de cada uno y de cada una en la Iglesia.

Oportunidad es este primer centenario que Dios nos ofrece. Escuchemos su voz. No tenemos tiempo que perder. ¡Ya es hora!

Madre Dolores se entregó en cuerpo y alma al carisma que, junto al Padre Francisco García Tejero, recibió del Espíritu. Hoy nos invita a rastrear su huella, a seguir sus pasos, a continuar alentando en nuestras vidas su pasión por vivir las obras de misericordia.

Gracia es este primer centenario que Dios nos ofrece. Escuchemos su voz. No tenemos tiempo que perder. ¡Ya es hora!

Os invito y me invito a dejar que Dios actúe, que Dios vaya haciendo, vaya creando, vaya renovando con su presencia, casi imperceptible, en nuestras vidas y nuestras familias.

Abramos las puertas de nuestra mente y corazón a este primer centenario y tomemos conciencia de lo importante que es contribuir con nuestra actitud personal y familiar a que la vida de Dios brote y nos convirtamos sencillamente en esos débiles instrumentos que hacen presente a Dios en un mundo que lo necesita.

Que durante todo este tiempo María que, de pie junto a la Cruz, nos enseñó la actitud que debemos tener frente al dolor, y nos traiga, una vez más, a Jesús.

Como hizo en las bodas de Caná, nos muestre el camino y todos nosotros y nosotras, que deseamos seguir los pasos de Madre Dolores, estemos disponibles y dispuestos a hacer lo que Él nos diga.

Os abraza,

Madre Ana María Burgos Muñoz
Superiora General

Arriba


Eucaristía de apertura

SOLEMNE EUCARISTÍA DE APERTURA DEL CENTENARIO

Presidida por el Padre Postulador, Antonio Sáez de Albéniz, con la asistencia las Religiosas de la Congregación, Acogidas, Antiguas Alumnas y Acogidas, Colaboradores, Amigos y un numeroso grupo de Devotos y Devotas de Madre Dolores, el pasado día 23 de diciembre, a las 6 de la tarde, se celebró en nuestra Iglesia del convento de Santa Isabel, una Eucaristía de Acción de Gracias, con la que se abrían el primer centenario del fallecimiento de Madre Dolores, ocurrido en Sevilla el día 31 de julio de 1904.

Arriba


Homilia del Rvdo. P. Antonio Sáez de Albéniz, Postulador de la causa de beatificación de m. Dolores

Homilía del Rvdo. Padre Antonio Sáez de Albéniz en la Eucaristía de apertura

Es un honor para mí presidir esta Eucaristía inaugural de las celebraciones del primer centenario de la muerte de Madre Dolores Márquez de Onoro, Fundadora de las Religiosas Filipenses y personaje muy relevante de la sociedad sevillana del siglo XIX. Son ellas, las religiosas, las que me han invitado porque desde 1995 soy el Postulador de la Causa de beatificación de la Sierva de Dios en Roma.

1. Pero ¿quién era la Madre Dolores? Una mujer sevillana, de corazón ardiente y capaz de sacrificarse por un ideal, por “salvar almas para Dios”. Vivió muchos años y realizó muchas obras y fundaciones. Pero yo quiero, en estos momentos, trazar brevemente un esbozo de la vida de Madre Dolores fijándome, más que en las fechas de su historia o en sus obras y fundaciones en sus actitudes y en las respuestas que da a las solicitaciones de la vida y del Señor. Ella fue una mujer de alma contemplativa pero muy activa y decidida en el apostolado, si se trataba de “salvar almas” para Dios, como ella decía. En una persona del talante de Madre Dolores, y en una circunstancia como la de hoy, es preferible, creo yo, fijarse en aquello que era el alma y el móvil de todas sus acciones y ocupaciones, es decir, en la intensidad de vida, en las virtudes que ella practicó en medio de mil actividades y preocupaciones. Esas, sus virtudes, más que sus actividades, eran la razón de la fama de santidad que la rodeó mientras vivió y después de muerta. Por otra parte, la introducción de la causa de beatificación, no pretende tanto conocer sus fundaciones y andanzas cuanto analizar las razones y motivos que las impulsaron; es decir, la Iglesia quiere investigar y saber si la Sierva de Dios practicó las virtudes cristianas de modo perfecto o heroico, si la gente que la conoció vio en ella los signos de la santidad, lo que se llama precisamente “fama de santidad” en vida y después de muerta.

2. Pero antes de seguir adelante, permitidme recordar, aunque sólo sea pronunciando su nombre, a Madre Fátima Valseca, promotora incansable del estudio de la vida y misión de Madre Dolores y de su causa de beatificación y grande conocedora de Madre Dolores y de la historia del Instituto. Yo la conocí ya muy anciana y no en buena salud, pero sí lo suficiente para apreciar su seriedad en la investigación y su gran cariño y admiración hacia la Fundadora. Ahora está ya contenta y satisfecha junto a ella para siempre.

3. La Madre Dolores nació un día como hoy, 23 de diciembre de 1817, es decir hace 186 años. Murió el 31 de julio de 1904, lo que quiere decir que en julio se cumplirá el primer centenario de su muerte. Con esta Eucaristía comenzamos la celebración de esa efemérides.

Es un tópico decir que recibió una esmerada educación humana y cristiana. Su padre era abogado. Su madre, mujer de su casa y de su familia, de exquisita sensibilidad, dejó una imborrable impronta en sus hijas, pero murió pronto, cuando Dolores tenía tan solo once años. Como era la hermana mayor, casi instintivamente, comenzó a ejercer de ama de casa. Como tal, lo primero que hizo fue pedir a la Virgen Santísima que fuera la madre suya y de sus hermanas. Vivió convencida de que María había escuchado su plegaria y siempre sintió muy cercana la maternal solicitud de la Madre de Dios.

4. Como perteneciente a una familia de posición bastante alta, podía tener acceso a ambientes y lugares selectivos. Y a decir verdad, no le hacía ascos a tal posibilidad, si bien llevaba una vida muy piadosa y se ejercitaba en la caridad, incluso como miembro activo de las Conferencias de San Vicente de Paúl, por ejemplo. Tenía inquietudes religiosas muy definidas que se acentuaron a raíz se la muerte de su padre, en 1845. El dolor y el sufrimiento la habían forjado en la vida y le habían enseñado que todo pasa menos el amor de Dios. Conscientemente había rechazado algunas posibilidades de matrimonio. Mira a su alrededor y no encuentra un grande aliciente para sus ansias de oración y de silencio. A sus 40 año, en 1857, decide entrar en el Carmelo. No por desilusión, ciertamente, puesto que muchas veces había pedido al Señor que le mostrara su voluntad, que le indicara e iluminara de alguna manera el camino que debía seguir para vivir en su Presencia. No parece que en esta ocasión pensara en la posibilidad de que Dios podría irrumpir en su vida de una manera diferente a la que ella se inclinaba, es decir, el Carmelo y su silencio.

5. Comentando su intención con una amiga, ésta le habló de un tal P. Francisco García Tejero, del Oratorio, que había iniciado una obra de caridad en beneficio pobres muchachas venidas del campo a la ciudad y que, solas e incautas, caían casi inexorablemente en las redes de la prostitución. La amiga ponderó ante Dolores el buen hacer de este sacerdote en el confesionario y la animó a que fuera a consultar con él. En tanto que éste suplicaba insistentemente al Señor que le mandara alguna mujer buena, de recia formación, dispuesta a sacrificarse para atender a aquellas mujeres a las que intentaba sacar del cenagal y que llamaban “arrepentidas”.

Quizás, un poco por curiosidad, pero más por buscar luz para su proyecto, Dolores se presentó en el confesionario del P. Tejero. Al oírla hablar, éste tuvo la intuición de que Dios había escuchado su oración. Inició desde ese momento una amistad que acabaría siendo de perfecta colaboración. Ni de lejos había pensado ella en que Dios la quería entre prostitutas y gente ruin. De momento se resiste y ora. Ora mucho y pide al Señor que la ilumine. Después de un tiempo accede únicamente a hacer una prueba durante unos días o... unos meses. No se siente atraída, y además todas las personas a quienes consulta le desaconsejan dedicarse a semejante trabajo. Pero como era buena y sabía que las obras de Dios nunca tienen comienzos fáciles, no se dejó achicar por los pareceres de sus allegados y amigos. Decidió llevar su ensayo hasta el final. Más tarde, cuando la obra estaba en marcha y dando abundantes frutos de conversión, y para ella muchos sufrimientos, Madre Dolores escribió estas palabras:

“Mucha y muy grande fue mi repugnancia para la clase de personas con que tenía que emplear mis caritativos servicios, pues el vicio que debía combatirse estaba en completa oposición con mis ideas y amor a la pureza. Eficaces instancias del Padre, uniendo la atenuación de mis temores y oposición, a la vez que enaltecer la obra tan acepta a los ojos de Dios hizo que me decidiera. ¡Cuánto me costó! ¡Cuántos vencimientos de amor propio, que era en mí defecto de gran importancia, y cuántos sacrificios! Recuerdo que al proponerme la obra, la palabra que “era para salvar almas” era el móvil que me hacía arrostrar por todos los obstáculos” (Madre, pgs 99-100).

6. Muchas veces se había dirigido al Señor diciendo: “Aquí me tienes, Señor, no quiero otra cosa sino hacer tu voluntad. Haz de mi lo que te plazca”. Al fin, convencida de que ahí estaba la voluntad de Dios, se deshizo de toda repugnancia, cerró los ojos y se lanzó totalmente en las manos de la Divina Providencia. Aceptó entonces de tal manera este trabajo que ni siquiera cuando se vio calumniada hasta el fondo la desanimó. La acusaban de ser igual que las que decía querer salvar, una arrepentida más vieja que las demás, por lo tanto con más malicia. Esa situación le costó penas y lágrimas, pero la había abrazado como Cristo abrazó la cruz. La decisión de seguir adelante costare lo que costare, implicó el abandonar su casa, dejar sus ricos vestidos, sus comodidades, y vivir en suma pobreza y estrecheces, con apuros económicos y de espacio, sufriendo la ingratitud de muchas de aquellas pobres muchachas y la incomprensión de los que la querían y amaban. Tenía entonces 43 años.

7. Estas circunstancias y la intensa vida de oración la van forjando a imagen del Cristo obediente, y a través de la oscuridad interior y hasta de la repugnancia, desde el fondo de su ser, dice: “Pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Experimenta al mismo tiempo la dulzura de saber que cumple la voluntad de Dios y la amargura de tener que ir por caminos que ella no había pensado. Se deshace de sus proyectos personales, de su propia voluntad y renuncia a lo suyo para ponerse sin ninguna limitación en las manos de la Divina Providencia. Ama su trabajo y su apostolado, ama, sobre todo, a sus muchachas, aunque con frecuencia son desagradecidas e ineducadas. Mil veces ha leído el cap. 13 de la primera carta a los corintios:

La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca.

Y decide que esas palabras han de ser la guía de su vida. Personalmente es ya una mujer madura, muy hecha, muy consciente de sí misma y de su obra. La Congregación de Religiosas Filipenses que ella ha fundado a fin de perpetuar y extender sus objetivos, se abre camino respondiendo a la imperiosa necesidad de llevar a otras partes la redención y liberación de mujeres arrastradas por la ignorancia y la miseria a un género de vida que las deshonra y las esclaviza.

8. Recorriendo aunque solo sea someramente este periodo de su vida, uno no puede menos de pensar que Madre Dolores era una santa. A pesar de sus múltiples ocupaciones y preocupaciones, o quizás, por ellas, encuentra siempre tiempo para entregarse largamente a la oración, al trato de intimidad con Dios. Saca de ahí su amor sin límites a las personas, su esperanza inamovible, su exquisita prudencia, su sencillez, su paciencia. En su vida se refleja esa descripción de la caridad que hace San Pablo. Viendo a aquellas muchachas deshechas en su honor y en su cuerpo, se pregunta: ¿Qué hubiera sido de mí si me hubiera encontrado en las circunstancias que ellas se han encontrado? Y su corazón se derrama ante el señor lleno de agradecimiento y de humildad. Su humildad es sincera porque sabe con toda certeza todo lo ha recibido de Dios. Reconocerse rodeada por la ternura infinita del Padre le da una gran serenidad, un gran plenitud de vida.

En ese estado, todas las virtudes se apoyan y sostienen mutuamente. Estoy plenamente persuadido de que en el momento en que congreso de teólogos analice el grado de observancia de las virtudes de Madre Dolores, no podrá menos de declarar que sí, que esta mujer practicó heroicamente todas las virtudes cristianas.

9. Y ahora os hablo como postulador. La Positio, es decir, el resultado del Proceso sobre sus virtudes que se hizo aquí, en el Obispado de Sevilla, lleva esperando nada menos que desde 1992, a que sea presentada al examen de los consultores teólogos. La razón es que le falta un milagro que acredite su poder de intercesión ante Dios. Porque la Iglesia pide un signo, un milagro, atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios, como prueba de su poder de intercesión. Por ahora no lo hay. ¿Por qué? Quizás, porque sus hijas, sus amigos y devotos no rezan lo suficiente, y si lo hacen les falta la confianza. No sé. Que existe la fama de santidad de Madre Dolores es una certeza. Sin embargo Carlos Ros, autor de una biografía de la Madre, dice que a pesar de lo que supuso para Sevilla esta mujer extraordinaria, no es conocida., y da sus razones.

Ha sido una constante en la vida de muchos fundadores y fundadores las contradicciones a las que se tuvieron que enfrentar durante su vida, y en particular en el último periodo de la misma. Madre Dolores se vio relegada al rincón de los recuerdos bastante antes de morir. Sus propias hijas hicieron tamaña injusticia con ella. Y además, para borrar el rastro de sus no limpias acciones, quemaron montones de documentos que hubieran aclarado muchas cosas que ahora necesitamos saber.

Por eso, al comenzar estas celebraciones del centenario, recomiendo a todos, y en particular a las Filipenses y sus alumnas, a todos los devotos de Madre Dolores a darla a conocer, intensificar las súplicas y trabajar para que su figura, extraordinariamente límpida y señera reciba, como otros personajes de la historia de Sevilla, contemporáneas suyas, o posteriores, el homenaje que reclama su vida, su acción y su santidad.

Ojalá que estas conmemoraciones que hoy comenzamos sirvan para relanzar la Causa de Beatificación de Madre Dolores e fin de que llegue pronto el reconocimiento de la heroicidad de sus virtudes por parte de la Iglesia.

Arriba